Pasado el evento electoral, que funcionó con gran fluidez y prontitud (los resultados definitorios se dieron a conocer a las 18,20 del domingo pasado, basados en más del 50% de las mesas de todo el país), el triunfo de Michelle Bachelet, primera mujer que llega a la Presidencia de la República de Chile, se convierte en un hecho histórico cuyos efectos comenzarán a sentirse muy rápidamente. Aquí esbozaremos una primera reflexión, centrada en un solo aspecto que nos parece básico y predominante en lo profundo de este resultado.La decisión de la ciudadanía chilena representa, en términos generales, un deseo de que la política se oriente hacia un desarrollo más humano, hacia una sociedad más sensible a las situaciones de la gente común, sobre todo de los menos favorecidos por el sistema. Hay bastante consenso en Chile de que los tres gobiernos anteriores han realizado una enorme tarea en los ámbitos políticos y económicos, siendo muy visible lo ejecutado en infraestructuras avanzadas en comunicaciones, transporte, convenios comerciales internacionales y numerosas otras áreas similares. El país, no obstante, parece haber llegado a un punto de madurez en el cual la tarea que se vislumbra es de un tipo muy especial. Consiste en pasar de las grandes obras macro-estructurales, es decir, de una obra gruesa, a un trabajo fino consistente en configurar un crecimiento que tenga a personas y familias como propósito central de su preocupación. Es el factor humano del crecimiento lo que hoy se pide, muy ligado al avance de civilización necesario para superar los últimos efectos negativos que la dictadura dejó en el alma de la nación. El grueso de la población chilena aspira hoy a una educación, salud y vida laboral y familiar de calidad. Se quiere pasar así de la cantidad a la calidad. Se pide, con seguridad, una visión más integral del desarrollo.
Para esta tarea, una mayoría ha visto en Michelle Bachelet la persona que corporiza el temple y la sensibilidad para realizarla. Una mayoría ha visto en ella las características necesarias para emprender este nuevo esfuerzo. Es una convicción política en el sentido más clásico del término. Esa mayoría ve en ella a la mujer que hará posible dicho avance, que dará cuenta de esos desafíos, que tiene que ver esta vez con la esencia de las personas y familias que habitan en el país. Es una pesada responsabilidad la que ha caído sobre los hombros de la doctora Bachelet, pues los ciudadanos chilenos se volcaron, finalmente, hacia esta opción, derrotando la que ofrecía el empresario Sebatián Piñera, cuyo dinamismo como candidato y capacidad para gobernar nadie puso en duda.
Para esta tarea, una mayoría ha visto en Michelle Bachelet la persona que corporiza el temple y la sensibilidad para realizarla. Una mayoría ha visto en ella las características necesarias para emprender este nuevo esfuerzo. Es una convicción política en el sentido más clásico del término. Esa mayoría ve en ella a la mujer que hará posible dicho avance, que dará cuenta de esos desafíos, que tiene que ver esta vez con la esencia de las personas y familias que habitan en el país. Es una pesada responsabilidad la que ha caído sobre los hombros de la doctora Bachelet, pues los ciudadanos chilenos se volcaron, finalmente, hacia esta opción, derrotando la que ofrecía el empresario Sebatián Piñera, cuyo dinamismo como candidato y capacidad para gobernar nadie puso en duda.
Desde este sitio le deseamos éxito a la Presidenta electa de Chile. Procuraremos contribuir, con nuestra reflexión, a que Chile se encamine hacia su Bicentenario desplegando todas sus capacidades a través de un desarrollo con rostro humano como el que la gente ha pedido y la Primera Mandataria quiere y debe encarnar.


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